Thursday, 11 December 2008

El Grial en casa de los Cardozo

Le dicen “la copa vieja”, adorna una mesa con unas flores frescas adentro.
La tienen en la familia desde el año 1072, cuando uno de sus antepasados, Brucciano Car D´Osse, lo recibió de manos de San Parmigiano, antes de la batalla del Campo de las Flores de Sahagun (Sanctus Facundus), España.
El Grial peregrinó escondido por toda Europa por casi dos siglos y desde 1452 vivió a la sombra de la Catedral de Santiago de Compostela hasta el año 1879, cuando Juanito Cardozo emigró a América en busca de mejores horizontes y, como guardián natural de la reliquia, debió llevarla consigo.
Se afincó en Paraguay, donde formó una gran familia. Su hijo mayor, Donato, terminó viviendo en el Chaco argentino, adonde fue a para el Santo Grial a la muerte de su padre.
Cuando Donato murió, la heredó su hijo Gamalier y este se la dejó a su hijo Oreste, quien al morir en 2002, fue sucedido por su hijo Tomás, de 42 años, quien se encuentra preparando para el Santo Trabajo a su primogénito Sandro, nombre caprichoso que su madre le puso por un popular cantante melódico argentino. Tomás y Sandro viven en el Gran Buenos Aires, en un lugar bastante peligroso llamado San Francisco Solano, son pintores de obra.
En casa de los Cardozo saben que no se tienen que meter mucho con la copa, conocen la responsabilidad que conlleva cuidarla. A veces, cuando alguno está muy enfermo, toman un sorbito del agua que siempre lleva dentro junto con las flores y se alivian al instante, pero saben que cuando llega la hora, llega y no se puede hacer nada.
Las flores, que siempre están con su perfume listo para hacer todo más agradable, fueron puestas dentro del Grial por Margalia Ynés Cardosso en Fisterra, en 1221.

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