Compuesto en una noche de láudano y blasfemias por Ismael Valdettaro, este tango maldito se erige como una bête noire de las composiciones de la popular música urbana porteña.
Ya desde su base armónica un tanto disonante nos vamos enterando de que, al parecer, la intención del autor no era entretener ni agradar.
La letra, una profusión de imágenes abstrusas y metáforas equívocas, no ha dejado conforme a ningún cantante, sino más bien que los ha molestado hasta el punto de no encontrarse ninguna grabación que haya sobrevivido más allá del año ´30.
En los ´60, Julio Escandón, poeta y crítico tanguero de la ya mitológica revista “Puntazo” aseveraba: “Incordio no es una porquería como tango, es un buen tango, pero hay que tener algo de amoral para incorporarlo a cualquier repertorio porque Incordio es un tango malvado, buscón, camorrero, aunque debe haber algo más, porque no han faltado amorales entre los tangueros y ya ven, no se encuentran registros sonoros del mismo”
“Incordio” dicen los que buscan mensajes “es la voz del Mal que se ha cristalizado en algunos compases que hacen juego con algunas palabras”.
Pregúntenles a los tangueros, aún a los más eruditos y fanáticos y estudiosos, por el tango Incordio: todos van a negar que lo conocen, pero fíjense bien en sus caras, en sus ojos, en los vellos de sus antebrazos, seguro que allí verán alguna señal que les puede llegar a indicar que les están mintiendo y que, además, tienen miedo.
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