Rosendo Arreola
Héroe de la independencia latinoamericana.
Sus soldados lo admiraban y lo respetaban hasta extremos suicidas. Es que Arreola jamás escatimó presencia a la hora de la batalla. Y siempre fue "el primero en llegar y el último en irse del campo de batalla". Su valentía y su coraje solo eran comparables a su sentido del honor militar, que lo llevaba a emprender los avances más arriesgados con tal de salvar a uno de los suyos en una situación difícil.
En la carga de Chimborazo fue herido en una pierna por un mosquete realista y durante los 16 días que estuvo preso del delirio de la fiebre por la herida infecta, su carpa fue custodiada por 650 soldados lagrimeantes que sostenían que "cuidar del general Arreola es un deber patrio".
En 1832, ya retirado, se sometió en Ámsterdam a una operación de cambio de sexo. Fue exitosa para la época, ya que le valió la fama de "fogosa latina que sabe espadear". En 1837 abrió un burdel en Barcelona. En 1850, al enterarse de la muerte de San Martín, escribió un largo poema épico en el que, en un manifiesto doble sentido, alaba las vir tudes del Gran Capitán.
Se titula: "¡Grandísimo, Capitán!".
Sus soldados lo admiraban y lo respetaban hasta extremos suicidas. Es que Arreola jamás escatimó presencia a la hora de la batalla. Y siempre fue "el primero en llegar y el último en irse del campo de batalla". Su valentía y su coraje solo eran comparables a su sentido del honor militar, que lo llevaba a emprender los avances más arriesgados con tal de salvar a uno de los suyos en una situación difícil.
En la carga de Chimborazo fue herido en una pierna por un mosquete realista y durante los 16 días que estuvo preso del delirio de la fiebre por la herida infecta, su carpa fue custodiada por 650 soldados lagrimeantes que sostenían que "cuidar del general Arreola es un deber patrio".
En 1832, ya retirado, se sometió en Ámsterdam a una operación de cambio de sexo. Fue exitosa para la época, ya que le valió la fama de "fogosa latina que sabe espadear". En 1837 abrió un burdel en Barcelona. En 1850, al enterarse de la muerte de San Martín, escribió un largo poema épico en el que, en un manifiesto doble sentido, alaba las vir tudes del Gran Capitán.
Se titula: "¡Grandísimo, Capitán!".

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