Friday, 28 December 2012


Atwater, Streatfield & Witts – Utensilios domésticos

En la villa de Boddington, cerca de Knightsbridge, se levanta esta fábrica cuasi victoriana de elementos de cocina. Los documentos no dejan en claro si fue fundada el 5 o el 6 de julio de 1898 por Vera Atwater, Beatrix Streatfield y Priscilla Witts. Lo que fue puesto bien en claro en letras de caligrafía perfecta fue el motto del emprendimiento “We deserve the best” (“Nos merecemos lo mejor”), frase que hoy nos deja un sabor a inocencia y candidez, si tenemos en cuenta que estas tres mujeres fabricaban solamente licuadoras, picadoras, batidoras y planchas.
Pero no cualquier tipo de licuadoras, picadoras, batidoras y planchas.
Eran lisa y llanamente las mejores del mundo en su categoría.
Cada producto que salía de la línea de producción era firmado por el responsable del ensamblado, y era numerado y anotado en un registro que contenía fechas, partidas de proveedores, nombre y dirección del cliente al que era enviado, y sello final de aprobación de las tres mujeres, que supervisaban hasta el último detalle de sus creaciones. Todo esto constaba en una chapita que se adosaba a cada aparato terminado. Se entregaba asimismo un certificado de autenticidad, que servía de garantía de por vida al producto.
Se seleccionaban materiales de primerísima calidad, que respondieran a los altísimos standards de las empresarias. Por ejemplo, los mangos de las planchas, batidoras y licuadoras, eran de ébano, roble de Eslavonia o cerezo japonés. Para los cables solo se aceptaba cobre chileno. Y el acero, a pesar de la desazón y las protestas de las acerías de Sheffield, era traído de la ciudad alemana de Solingen.
El servicio técnico (que casi no tenía trabajo, ya que estos aparatos eran mecánicos. La plancha era a carbón, por ejemplo) en los escasísimos casos de desperfectos que era requerido, se desplazaba hasta la casa del cliente en carruajes de lujo, no importando en qué lugar de Gran Bretaña se encontrara y le entregaba un producto nuevo junto a una carta de disculpas firmada de puño y letra por Vera, Beatrix y Priscilla.
La clientela, que accedía al exclusivo catálogo de venta directa de Atwater, Streatfield & Witts, de más está decirlo, pertenecía a la más rancia aristocracia o a la alta burguesía devenida rica y ostentosa por los beneficios que a esta clase reportó la revolución industrial. Y dentro de ese ambiente, AS&W formaba parte del ideal de refinamiento y pertenencia. Fue por eso que el negocio floreció de manera primaveral en sus primeros años. Llegaban pedidos desde todos lados del mundo. Pero la distribución se limitó siempre a la isla de Gran Bretaña. Ni siquiera llevaron sus productos a Irlanda. Beatrix Atwater, en un breve reportaje para The Times, al ser preguntada sobre los límites geográficos de la entrega de sus productos, daba unas precisiones contundentes: “Never to the Continent. And not even in our worst nightmares to America”. “Nunca al Continente (Europa). Y ni aún en nuestras peores pesadilla a América.”
La primera guerra mundial, que trajo aparejada una gran escasez de materiales, altos costos de producción y dificultad para encontrar mano de obra, junto a una lábil política de comercialización y a una suicida obstinación de seguir fabricando artículos que prescindan de la electricidad, llevaron a Atwater, Streatfield & Witts casi hasta la desaparición.
Luego de la Gran Guerra sobrevivieron algunos años, pero todo había cambiado.
En los locos años 20 nadie quería mostrar que tenía la mejor batidora. Lo que todos deseaban era el automóvil. Y en Inglaterra sabían cómo hacer un auto que fuera deseado por todo el mundo. Un auto exclusivo, de altísima gama, firmado por sus responsables, que hiciera sentir a sus tripulantes como a reyes.
Claro, el ejemplo, el camino a seguir lo había dado una pequeña fábrica de utensilios de cocina al oeste de Londres, donde tres mujeres habían sentado sus principios de calidad.
Hoy, las casas de anticuarios, o los grandes subastadores internacionales, se emocionan cada vez que un Atwater, Streatfield & Witts sale a la luz.
Estamos todos locos.


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