La primera aparición de Clavelete sucedió un domingo
de 1964 en la plaza de Las Ventas en Madrid, durante unos San Isidros. Esa
tarde, este hermoso toro, que provenía de la prestigiosa ganadería de Felipe
Arcadio Benavente y era puro origen Muguruza, se cargó a tres banderilleros, dos
picadores y cuatro toreros, en la aciaga jornada conocida como "La Gran Clavada
de Clavelete".
En Las Ventas, durante más de un cuarto de
siglo, los muguruzas de Arcadio Benavente habían sido todo un acontecimiento,
pero ninguno levantó tanto jaramillo como Clavelete en una sola corrida.
Luego, en un camión jaula con vidrios blindados
que recorrió España protegido por temor a atentados, realizó una exitosa gira por
Gijón, Avilés, Oviedo, San Sebastián, Irún, Logroño, Burgos, Segovia, Sevilla,
Granada, Córdoba, Valencia y Barcelona. Esta campaña acabó con 20 matadores, 32
banderilleros, 9 picadores y un vendedor de gaseosas que realizaba su trabajo cuando
el toro se encaramó sobre el tendido hecho una furia en la plaza de Cádiz.
Este toro llamó la atención del mismísimo Generalísimo
Franco, quien acusó a "la resaca falangista, atea y antiespañola" de
querer acabar con esta tradicional
costumbre ibérica.
Vale remarcar para quienes no lo recuerdan:
los bravos muguruzas de Arcadio Benavente eran muy encastados. Y para muchos
toreros de aquellos días, su casta noble suponía un trampolín de lujo: por eso
la insistencia de los diestros en enfrentar a Clavelete. “Si el toro es bravo,
el torero ha de ser bravísimo”, fueron las últimas palabras de Miguel Otondo
Macías “El Maqui”, antes de salir a enfrentar a Clavelete en la palza de Linares.
Pero según fue aumentando el número de bajas,
no hubo ya torero que quisiera exponer su traje de luces ante los pitones del famoso
animal. Y Clavelete fue pasado a retiro, ante el desagrado de los aficionados a
la tauromaquia que querían verlo morir en la arena, y también a los detractores
de la fiesta, que festejaban cada cornada como una muestra de justicia divina.
En su cautiverio, Clavelete demostró ser estrábico
y con una natural tendencia a chocarse las cosas.
Padrillo excepcional, su estirpe no ha vuelto
a producir un matatoreros semejante.
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