Friday, 25 January 2013


                ALBERTO SALUSTRIO (1903-1935)




Nacido seismesino, en un caso milagroso para la época, logró sobrevivir. Fue noticia sonadísima en la ciudad de Valparaíso, en Chile. En su momento, incluso, quisieron canonizar en vida a la partera, y  hubo más de un loco fanático que escribió al Papa León XIII solicitando se abra el proceso santificador para Imogenia Gamarra.
El caso es que, como secuela de ese parto tan temprano, el cuerpo de Alberto Salustrio no alcanzó a desarrollar la habilidad de madurar sus rasgos. En cambio, su fisiología le iba produciendo una nueva cara cada dos o tres años, que se instalaba por sobre las demás caras o las hacía a un lado.
Así, uno podía apreciar la finura de sus rasgos a la edad de 5 años; el acné de los 15; la fiereza del amor a los 21; un desengaño a los 26 y la mansa resignación con la que lo encontró la muerte a los 32.
Los ojos y facciones de las caras pasadas de Salustrio se iban desconectando a medida de que nacían caras nuevas, pero permanecían como en una buena memoria el perfume de la mujer amada.
Salustrio tuvo veleidades de poeta y acometió varias obras sin resultados, no ya gloriosos, ni siquiera modestos. 
Nadie leyó nunca su alma, tan ocupados que estaban todos tratando de descifrar sus caras.

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