Tortugo maratonista y de pruebas de superfondo.
Record argentino de 10.000 metros con 3d 20h 43´ 20" y 59/100.
En la prueba máxima de su vida, la hipermaratón Buenos Aires-Mendoza, en el año ´62, Turinessi, quien a sus jóvenes 72 años estaba en la flor de la edad, pasó por la ciudad de Pehuajó, en la provincia de Buenos Aires, en donde provocó una suerte de histeria colectiva entre las tortugas del lugar.
Se dice que la noche en que pernoctó en la ciudad (fin de la etapa 46) la compartió con una lugareña, hija de un acaudalado estanciero, llamada Manuela Jiménez Brower. La tortuga en cuestión era una joven pizpireta de 55 años, de ideas modernas y muy liberal para la época, lo que le acarreaba numerosos problemas con su familia de neto corte conservador. De charla animada e inteligencia vivaz, cautivaba desde el primer momento, cosa que le sucedió a Turinessi, quien quedó prendado de la belleza sin tiempo de Manuela.
Manuelita, como era conocida por la high society de Pehuajó, también cayó rendida ante la presencia física de Abelardo, un campeón con todas las letras.
En una sola noche nació un amor que duraría para siempre y que sería cantado por más de un trovador.
Turinessi prometió volver por ella apenas terminada la carrera.
Ella, aprovechando este tiempo que Turinessi le concedía, terminando una carrera que ganó en un final electrizante contra un tortugo australiano, realizó un viaje a París a hacer compras y, se supone, alguna cirugía estética.
Volvieron a encontrarse en el año ´74, se casaron y, por encontronazos políticos, debieron exiliarse en España, más precisamente en Jerez de la Frontera, en donde instalaron un centro de alto rendimiento deportivo, ejemplo hoy del desarrollo competitivo del espíritu quelonio.
